Outils pour utilisateurs

Outils du site


user:natacha_lillo:cmce3-5

1939-1975 La dictadura franquista

La española fue, junto con la portuguesa, la única dictadura derechista que sobrevivió durante varias décadas en Europa tras la Segunda Guerra Mundial. De hecho, el general Franco murió en la cama, muy anciano, tras casi medio siglo de gobernar férreamente a los españoles En ese largo período de tiempo, las libertades apenas avanzaron y quienes lucharon por ello tuvieron que pagar un alto precio. Pero la sociedad española, siempre por delante del talante conservador de sus gobernantes, experimentó cambios vertiginosos y sentó en estos años las bases para su plena incorporación al ámbito del Occidente desarrollado.

I 1939-1953 El primer franquismo: hambre, miseria y represión

A) El final de la guerra civil y sus consecuencias inmediatas

1 - Un balance catastrófico

El 1° de abril de 1939, el general Francisco Franco Bahamonde anunció por radio que se había acabado la contienda entre los republicanos (defensores de la IIda Républica) y los militares rebeldes que se habían sublevado el 18 de julio de 1936 ; periodo que los « nacionales » calificaban de « Cruzada » contra los herejes anarquistas y « rojos » para dar legitimidad. Después de casi tres años de una guerra fratrícida, España estaba exhausta : hubo aproximadamente 500 000 muertos, unas 250 000 personas se exiliaron definitivamente y había 750 000 encarcelados. Las principales regiones industriales (Cataluña, País Vasco) y las infraestructras como los ferrocarriles y puentes habían sufrido mucho de los bombardeos.

2 - El Nuevo Estado

Al finalizar la Guerra Civil la España franquista apenas poseía un embrión de Estado. En la construcción del Nuevo Estado habían concurrido diversas fuerzas políticas, aglutinadas en abril de 1937 en un partido único, denominado Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de ofensiva nacional sindicalista (FET-JONS), y más tarde, Movimiento Nacional. En 1938, en Burgos, capital de la España “nacional”, el general Franco fue elevado a la jefatura del Estado. Este descansaba en la autoridad inatacable del Caudillo o Generalísimo, y en la equilibrada colaboración de las diversas tendencias del Partido, las llamadas familias políticas. Ya que aunque existiera un partido único, en su seno, siempre hubo tensiones entre cuatro principales “familias” o tendencias, representadas en el Consejo de ministros :

  • los conservadores católicos, estrechamente vinculados durante la guerra al bando vencedor, fueron sin duda los que más influyeron al Franquismo. Así varios autores hablan de “nacional-catolicismo” para calificar el régimen. Eran reacios a todo lo liberal y rechazaban el Espiritu de las Luces del siglo XVIII; por supuesto condenaban el comunismo y la masoneria y hasta la democracia.
  • el Ejército que defendía el orden, el autoritarismo y la represión y siempre fue fiel a Franco
  • los falangistas que se habían inspirado del fascismo italiano y que querían establecer un Estado totalitario a traves de los sindicatos verticales, de las organizaciones de la Juventud y de las mujeres.
  • los monárquicos que estaban en dos bandos : los carlistas y los “donjuanistas”. Los primeros estaban muy vinculados con los conservadores católicos.

Según las épocas, una u otra familia tenía más peso, a traves de su presencia en los Consejos de ministros como lo veremos. En agosto de 1939, Franco nombró un gobierno en el que predominaban los falangistas. Durante los años siguientes, España vivió un auténtico régimen totalitario, en el que la movilización política se orquestaba en torno a una exaltación imperialista que tenía muy poco que ver con la realidad de un país arruinado y sometido a un sistema de estricto control policíaco. El franquismo se dotó en estos años de un sistema legal que perpetuaba el estado de excepción justificado hasta entonces por la guerra y anulaba la obra de los reformadores laicos de la República. Así, se anuló el divorcio, se prohibió la coeducación y se entregó la enseñanza a las órdenes religiosas. Patronos y obreros fueron afiliados obligatoriamente en 1941 en una Organización Sindical, con 24 corporaciones o sindicatos verticales, férreamente controlada por la burocracia del Partido. Los estudiantes universitarios fueron también integrados forzosamente en un sindicato oficial, el Sindicato de Estudiantes universitarios (SEU). El ascenso de los sectores más filofascistas del régimen provocó serias resistencias en otros grupos, especialmente entre militares y catolicos tradicionalistas.

3 – Una economía muy controlada

En 1939-40, las situaciones interior e internacional eran poco propicias a un relanzamiento de la economía española. El conflicto había causado grandes destrucciones, especialmente en el sistema de transportes; las deudas contraídas con Alemania, Italia y otros países eran un pesado lastre y el exilio y la prolongada movilización militar privaban al país de muchos trabajadores cualificados. El estallido de la Guerra Mundial, con sus efectos perturbadores de la economía del planeta, se convirtió ademas en un factor negativo de extraordinaria incidencia en el sistema productivo español. En tales condiciones, la política económica se orientó en una línea definida por dos conceptos: autarquía e intervencionismo que, si bien forzados por las circunstancias adversas, eran coherentes con los postulados ideológicos del régimen.

Básicamente, la autarquía buscaba lograr el máximo nivel de autoabastecimiento de España, prescindiendo en lo posible del mercado exterior, y fortalecer los mecanismos de control económico en manos del Estado. La voluntad industrializadora del régimen chocaba con la realidad de un país eminentemente agrario, pobre en infraestructuras e impedido por el conflicto mundial de proveerse de materias primas y capitales en el exterior. La iniciativa pública parecía, pues, la vía más adecuada. A finales de 1939, varias leyes de ordenamiento y protección de la industria establecieron un modelo de desarrollo muy estatalizado, orientado esencialmente a satisfacer las necesidades de reconstrucción del país. La creación, en septiembre de 1941, del Instituto Nacional de Industria (INI), un holding de empresas públicas, señaló el paso decisivo en este sentido.

4 - Una represion ferrea

En 1940 todavia, todavía 280 000 combatientes republicanos o civiles del bando republicano permanecían encerrados en prisiones y campos de concentración – entre 1940 y 1945, más de 4 000 prisoneros murieron de hambre en las carceles. Pese al masivo exilio, en el interior quedó un amplio sector de la población que había simpatizado con la causa derrotada, y que podía servir de base a la oposición al régimen. La Ley de Responsabilidades Políticas, promulgada en febrero de 1939 y vigente hasta 1966, permitió la celebración de innumerables consejos de guerra, que muchas veces acababan en sentencias de muerte. En el mejor de los casos, la depuración de responsabilidades políticas implicaba la clasificación como desafecto, lo que solía acarrear graves perjuicios sociales a los depurados. Además, la aprobación en marzo de 1940 de la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo, que creó una amplia serie de delitos políticos, dio práctica carta blanca a las fuerzas policiales para actuar contra cualquier conducta, individual o colectiva, que se sospechara desafecta para con la dictadura.

B) España y la Guerra Mundial

1 – ¿Participar o no?

El comienzo del conflicto mundial, en septiembre de 1939, colocó a España ante un terrible dilema. Alemania e Italia habían colaborado abiertamente con el bando franquista durante la Guerra Civil. Pero España salía destrozada de la guerra y Franco y su ministro de Exteriores veían más ventajosa por el momento una neutralidad expectante que un compromiso prematuro con el Eje. En consecuencia, Madrid se mantuvo al margen de la guerra y firmó con Portugal el Pacto Ibérico, que buscaba garantizar la mutua seguridad de las dos dictaduras peninsulares. Durante los meses siguientes, cayó Francia e Inglaterra se vio obligada a mantenerse a la defensiva en todos los frentes. El Tercer Reich, cuyos dominios se extendían ahora hasta los Pirineos, se había convertido en el principal socio económico de España, y en el interior triunfaban las corrientes de opinión favorables al Eje, sobre todo entre los falangistas.

A partir de junio de 1940 se produjo un cambio sustancial en la política exterior. Se pasó de la neutralidad a la no beligerancia, acompañada de abiertas demostraciones de simpatía hacia el Eje. Interesado en implicar a España en el conflicto, Hitler se entrevistó con Franco en Hendaya, en octubre de 1940 y le presionó en este sentido. Pero el Generalísimo se abstuvo de llegar a un compromiso, consciente de que Roma y Berlín no podían garantizar en solitario el abastecimiento de la población española y de que los alemanes no estaban dispuestos a defender sus demandas de expansión en el Magreb a costa de la Francia de Vichy (todo Marruecos y la región de Oran en Algelia). En consecuencia, y pese a algunos gestos significativos, como el envío de la División Azul al Frente ruso en 1941, el régimen español evité cualquier compromiso que implicara beligerancia contra los Aliados.

2 - El viraje hacia los Aliados

A principios de 1942, tras el desembarco aliado en Marruecos y la victoria rusa en la batalla de Stalingrado, la dictadura española se vio enfrentada a los peligros que entrañaba su poco disimulada simpatía hacia el Eje y las facilidades económicas y militares otorgadas a alemanes e italianos. El ministro de Asuntos exteriores inició un lento desmarque de las potencias totalitarias, destinado a evitar una invasión desde el otro lado del Estrecho.

La caída de Mussolini, en julio de 1943, reforzó las tesis neutralistas. Aunque los falangistas seguían presionando en favor de la colaboración con Berlín, el Gobierno comenzó a dar pasos favorables a los Aliados. A finales de septiembre se repatrió a la División Azul, y poco después España renunció a la no beligerancia favorable al Eje, para proclamarse oficialmente neutral. Los diplomáticos españoles trabajaban ahora para lograr una paz entre Alemania y los Aliados occidentales, que aislara a la URSS.

A lo largo de 1944, las relaciones con el Reich se redujeron al mínimo. Las vitales exportaciones de volframio fueron casi suspendidas y se concedió autorización para que los aviones norteamericanos aterrizaran en la Península. Incluso en abril de 1945, finalizando ya la guerra en Europa, el Gobierno rompió las relaciones diplomáticas con Japón. Pero estas medidas no serían suficientes para borrar el recuerdo de la colaboración con el Eje, ni la impresión de que el régimen español poseía un carácter totalitario similar al de los países derrotados.

C) La democracia orgánica

A partir de 1942, conforme aparecía en el horizonte la posibilidad de una derrota del Eje, el régimen español fue dotándose de varias instituciones así como de unas Leyes Fundamentales. Quería ofrecer un modelo constitucional y unos órganos de representación nacional que, aunque lejos de los patrones marcados por las democracias vencedoras, pudieran ser aceptados en el interior y el exterior por los sectores más proclives al franquismo. Este modelo, calificado por los teóricos del régimen como una democracia orgánica, rehuía el sufragio universal, por lo que las instituciones de carácter político se formaban a través de una mezcla de sufragio corporativo y territorial (sindicatos y ayuntamientos) y de cooptacion personal, por el Jefe del Estado.

1 - El rechazo del voto

El órgano fundamental de representación, las Cortes, fue creado por Ley fundamental en julio de 1942. El Parlamento franquista tenía unas competencias muy limitadas. Sus miembros, los procuradores, discutían y aprobaban las leyes, pero no podían derribar al Gobierno con una moción de censura.

Finalizando la Guerra Mundial, el régimen buscó dar una imagen exterior de apertura, que disminuyera el rechazo de los Aliados. El Fuero de los Españoles, ley fundamental aprobada en julio de 1945, establecía los principios generales del Estado y los derechos y deberes de los ciudadanos.

El texto confirmaba la confesionalidad religiosa del Estado, la igualdad de los españoles ante la ley y el derecho de propiedad privada. Mayor importancia tendría, sin embargo, el texto que organizaba el control político de la población, limitando los derechos de reunión, asociación y expresión. Además daba al proprio Franco libertad para suspender temporalmente los derechos reconocidos por el Fuero mismo.

La operación de maquillaje de la dictadura se completo, en octubre de 1945, con la Ley de Referéndum Nacional, que pretendía sustituir el inexistente sufragio universal por la convocatoria de consultas populares, pero siembre por voluntad de Franco, que era el único que podía convocarlas.

2 – Las esperanzas de los derrotados

Las fuerzas políticas derrotadas en la Guerra Civil mantuvieron a lo largo de casi todos los años cuarenta la firme creencia de que la suerte del franquismo estaba vinculada a la de las potencias totalitarias. Vencidas éstas, la presión de las democracias occidentales y el descontento interior facilitarían la caída del régimen. Las Cortes y el Gobierno republicanos, establecidos en México, mantuvieron una continuidad legal a la que el reconocimiento de numerosos países y la adhesión de la dispersa comunidad del exilio dieron cierta relevancia en estos años. Pero algunos partidos integrantes del Frente Popular y otras fuerzas como el anarquismo, no fueron capaces de coordinar su actuación y, en las dramáticas condiciones de la diáspora, perdieron buena parte de sus energías en combatirse conforme a las pautas que ya habían marcado los enfrentamientos en el bando republicano durante la guerra.

Desde muy pronto, la oposición antifranquista se planteó la posibilidad de impulsar un movimiento popular, que derribase al régimen. La base serían las dispersas partidas de combatientes republicanos, que se habían negado a entregarse a las autoridades. Los socialistas, partidarios de la presión diplomática, no alentaron esta vía, pero sí los comunistas y anarquistas, que poco podían esperar de una intervención de los aliados occidentales. A partir de 1942, el PCE favoreció la integración de las dispersas partidas de maquis en Agrupaciones Guerrilleras, de ámbito regional.

En el verano de 1944, la dirección comunista decidió lanzar la lucha guerrillera en gran escala. En octubre, una columna cruzó los Pirineos desde Francia e invadió el valle de Arán, pero el escaso eco que hallaron los guerrilleros entre la población y la rápida reacción del Ejército y de la Guardia Civil frustraron la operación. Carente de apoyo exterior, el maquis mantuvo, sin embargo, su actividad durante otros diez años, multiplicando los golpes de mano y obligando a las autoridades franquistas a sostener un enorme y costosísimo aparato represivo. Era, sin embargo, una lucha meramente por la supervivencia porque, ya desde 1947, incluso los comunistas habían comprendido que eran necesarios otros métodos de lucha contra la dictadura.

D) La sociedad de la posguerra

Los años de la posguerra representaron una época sombría para la sociedad española. A las dificultades económicas se sumó una represión desmedida, con la que los vencedores buscaron eliminar hasta sus últimos vestigios cualquier tentativa de resistencia de la España derrotada y la influencia social o cultural que aún pudieran ejercer sus representantes.

1 - Los rigores del racionamiento

Al terminar la Guerra Civil, España era un país destruido y fue necesario, pues, mantener la estricta economía de guerra, que ponía en manos de la Administración la distribución de los escasos productos de subsistencia. Organizaciones oficiales, como Auxilio Social que dependía de Falange, intentaban paliar los estragos del hambre en las zonas distribuyendo alimentos en comedores públicos.

A las destrucciones industriales y a la falta de abonos se sumaron, además, algunos años de escasas lluvias que agravaron las dificultades de la agricultura. Pronto se hizo necesaria la creación de un organismo centralizado, la Comisaría de Abastos, que impuso en todo el país una cartilla de racionamiento, cuyos cupones permitían adquirir modestas cantidades de alimentos de primera necesidad: pan, azúcar, carne, huevos, etc., así como tabaco o gasolina. Esta penuria, que tuvo efectos desastrosos sobre la salud de la población, obligó a mantener el racionamiento hasta 1952.

2 – Vencedores y vencidos

Los propósitos igualitarios del nacional sindicalismo oficial se estrellaban contra la realidad de la existencia de vencedores y venciclos. Cientos de miles de estos últimos purgaban largas condenas de cárcel, y otros muchos habían perdido su trabajo, víctimas de las depuraciones. En cambio, los excombatientes franquistas y los miembros de Falange gozaban de ciertos privilegios, que se multiplicaban conforme se ascendía en el nivel social o politico. La corrupcion hizo pronto su aparición y el mercado negro de alimentos y medicamentos el llamado estraperlo permitía a unos pocos especuladores hacer grandes fortunas traficando clandestinamente con productos a precios muy superiores a los del restringido mercado oficial.

3 – El peso del nacional-catolicismo

A través de la inmensa mayoría del clero, la Iglesia católica había apoyado la sublevación de 1936 y bendecido luego la causa franquista como una nueva Cruzada. Consciente de que este apoyo era una de sus más firmes fuentes de legitimación, el Estado Nuevo se definía como confesional, y pretendió organizar la vida de los españoles conforme a los más ortodoxos cánones de la doctrina de la iglesia. El clero asumió, por lo tanto, un papel fundamental en la ordenación de la moral y de las costumbres de la población, al tiempo que colocaba su enorme influencia espiritual al servicio de los valores políticos de la dictadura. Este mestizaje ideológico, que más tarde sería conocido corno nacional-catolicismo, se reveló como un eficaz instrumento de control social, y marcó la mentalidad de varias generaciones de españoles.

La religiosidad personal de una mayoría de los españoles experimentó un auge extraordinario en aquellos años, en buena medida a consecuencia de lo vivido en la guerra. Las vocaciones nutrían como nunca los seminarios y los conventos, y la devoción popular, abiertamente fomentada por el régimen, se traducía en todo tipo de manifestaciones públicas de culto.

Con la victoria franquista, el sistema educativo volvió a ser plenamente confesional en todo el país. Se abolió la coeducación de los tiempos republicanos, y una durísima purga de profesores en todos los niveles docentes aseguró la homogeneidad de los nuevos equipos, integrados en un alto porcentaje por religiosos. También las relaciones familiares fueron sometidas a una ortodoxia más estricta, con la supresión del divorcio, la obligatoriedad del matrimonio religioso, el estímulo a la natalidad y todo tipo de medidas para garantizar la transmisión de la moral católica, en el seno de las relaciones de familia.

4 – Un desierto cultural

La vida cultural española de la posguerra sufrió las consecuencias del exilio de un gran número de intelectuales y artistas que habían hecho causa común con el bando derrotado. Personalidades prestigiosas como el médico Severo Ochoa, el arquitecto José María Sert, el poeta Alberti o el cineasta Luis Buñuel, por citar sólo cuatro casos, se vieron forzados a desarrollar su labor en el extranjero. Entre los que se quedaron había genuinos valores, pero las condiciones en que se desenvolvía España no eran las más favorables. Los vencedores establecieron un férreo control sobre la cultura. La censura cinematográfica y literaria, en manos de sacerdotes, falangistas y militares, impedía la publicación de cuantas obras discreparan en lo más mínimo de los criterios morales, políticos o religiosos del Estado Nuevo.

II 1953-1973 La apertura exterior

A) El reconocimiento mundial

A comienzos de los años cincuenta la dura postguerra, agravada por el aislamiento exterior del régimen parecía acercarse a su final. La situación internacional de guerra fría favoreció el final de la cuarentena impuesta a la España franquista por las potencias democráticas. En un intento por mejorar la imagen de su régimen, Franco formó en julio de 1951 un nuevo Gobierno en el que destacaban dos políticos católicos: el de Educación y el de Asuntos Exteriores. Ellos fueron los autores de la apertura exterior de la primera mitad de la década, concretada en tres momentos:

  • la firma del Concordato con el Vaticano, en agosto de 1953, que hizo admisible el franquismo a ojos del catolicismo mundial;
  • los pactos militares comerciales y militares con Estados Unidos, en septiembre de 1953, que aún sin vincular a España al Tratado del Atlántico Norte (OTAN) permitieron la instalación de 4 bases militares norteamericanas en el pais y convirtieron al régimen de Franco en un fiel aliado de Washington; permitieron también la llegada a España de material norteamericano y de créditos ;
  • el ingreso en la ONU, en diciembre en 1955, que integró plenamente a España en la comunidad internacional.

B) La regularización institucional

En el orden interno, esta etapa estuvo marcada por el apogeo institucional de la dictadura, consolidada por dos nuevas leyes fundamentales:

  • la de Principios del Movimiento Nacional, que estableció los principios doctrinales del régimen, eliminando sus aspectos más marcadamente fascistas,
  • la de Sucesión, que otorgó a Franco el poder de decidir quién le sucedería, a su muerte, en la jefatura del Estado con el título de rey de España.

En 1969, los tecnócratas, con el apoyo del almirante Luis Carrero Blanco, hombre de confianza del dictador, lanzaron la “Operación Príncipe”, destinada a convertir al nieto de Alfonso XIII, don Juan Carlos de Borbón, en sucesor de Franco, pese a las reticencias de otros sectores del Movimiento. En julio de 1969, Franco designó a don Juan Carlos como el rey que le sucedería a su muerte. Confiaba en que, transcurridos treinta años de dictadura, todo estaba “atado y bien atado”, y que el cambio en la Jefatura del Estado no alteraría el sistema político.

C) El desarrollismo

A partir de 1957, la influencia de los falangistas y de los monárquicos cedió ante el avance de los tecnócratas, una familia del régimen vinculada a la asociación religiosa Opus Dei. Los tecnócratas se esforzaron por introducir a España en la senda del desarrollo económico acelerado, aunque sin modificar el sistema político de la dictadura. Su más destacada figura, Laureano López Rodó, lanzó en 1959 un duro Plan de Estabilización que permitió, mediante una substancial modificación de la legislación económica y un decidido impulso del Estado a las inversiones en industrias y obras públicas, abandonar la autarquía económica e iniciar una etapa de crecimiento. El gran logro de los tecnócratas fueron los Planes de Desarrollo que, con fuerte intervención del Estado, permitieron programar una industrialización acelerada. Durante los años sesenta, España fue el país europeo con mayor velocidad de desarrollo.

Los objetivos marcados por el Segundo Plan de Desarrollo parecían plenamente cumplidos a comienzos de los anos setenta. España había dejado de ser un país subdesarrollado para convertirse en la décima potencia económica mundial. El Estado seguía controlando los sectores estratégicos de la producción y de la Banca, pero crecía ininterrumpidamente la participación del capital privado y prosperaba una nueva clase de grandes empresarios y banqueros, que tenían la mirada puesta en la integracián de Espana en el Mercado Común Europeo. Todo ello producía cambios acelerados en la sociedad.

D) Las evoluciones de la sociedad

1 – Aparición de una clase media urbana

La concentración del crecimiento económico en grandes zonas industriales urbanas - Madrid, Barcelona, Bilbao, Valladolid, o los nuevos núcleos llamados polos de desarrollo – atrajó a cientos de miles de campesinos hacia las ciudades, mientras que otros muchos prefirieron emigrar a la Europa comunitaria. La clientela rural del franquismo, antes tan fundamental, perdió peso en el conjunto de la población, mientras que el nuevo proletariado urbano, concentrado en barrios periféricos de las grandes urbes, adquiría conciencia de su escasa partícipación en los beneficios generados por el desarrollismo. Las Comisiones Obreras (CCOO), sindicatos ilegales impulsados por los comunistas, iniciaron entonces una política de trabajo dentro de la Organización Sindical franquista, que les permitió hacerse con el control de muchos sindicatos oficiales.

Igualmente importante fue otro fruto del desarrollismo: la consolidación de una clase media urbana, con un aceptable nivel cultural y mayor capacidad de consumo, integrada básicamente por profesionales y pequeños empresarios, con una mínima vinculación a la burocracia del régimen. Esta pequeña burguesía, que enviaba masivamente a sus hijos a la Universidad, comenzó a exigir libertades, al igual que el proletariado, y cuando se dio cuenta que en el programa de gobierno de los tecnócratas no figuraba la democratización política, se pasó en buena medida a las filas de la oposición.

A partir de 1966, las Universidades vivieron un casi perpetuo estado de rebeldía, hasta el punto de que, en enero de 1969, algunos disturbios estudiantiles llevaron al Gobierno a proclamar el estado de excepción.

2 – Nuevas élites de oposición

Una nueva generación de opositores políticos, más en contacto con la realidad nacional, tornaba mientras tanto el relevo a los viejos dirigentes del exilio. En el PSOE, los jóvenes socialistas del interior combatieron la línea poco realista de la dirección del exterior y en 1974, en el Congreso de Suresnes se hicieron con la Ejecutiva del partido, que pasó a dirigir como secretario general el abogado sevillano Felipe González. En el PCE, el principal partido clandestino en esa época, la dirección del exilio, encabezada por Santiago Carrillo, mantuvo el control, aunque en medio de permanentes tensiones.

Mientras las Comisiones Obreras, controladas por los comunistas, se convertían en la principal alternativa al sindicalismo vertical franquista, en varias regiones, sobre todo en Cataluña y el País Vasco, rebrotaban los grupos nacionalistas, con programas que iban desde el autonomismo moderado hasta el independentismo radical. Y tomaba forma el fenónemo del terrorismo político, representado por organizaciones como la independentista vasca ETA o los comunistas radicales del Frente revolucionario Antifascista Patriótico (FRAP), que realizaban atentados contra policías, militares y funcionarios del Movimiento Nacional.

Incluso en el seno de la muy dócil iglesia católica crecía la protesta contra la dictadura, que llevó a la cárcel a no pocos sacerdotes. En su conjunto, la oposición al franquisino mostraba una gran variedad de opciones políticas, con las que se identificaba un porcentaje creciente de la población, aunque los riesgos que suponía la actividad clandestina hacía que estos grupos tuvieran una militancia reducida.

user/natacha_lillo/cmce3-5.txt · Dernière modification: 2008/12/16 07:57 par Pascal Cabaud